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Obra da Exegese

Jacques Cazeaux — Fílon de Alexandria

Obra da Exegese

En una palabra, el texto de partida es el que ha dictado no solamente el contenido, sino también el método del comentario. Como vemos, se hace totalizante, y esto a partir de la paradoja de una «noche» que sirve de «día laboral»... Las asociaciones de las cuatro noches no son fortuitas ni fantásticas; son al mismo tiempo necesarias y suficientes, si tenemos en cuenta el principio de su producción y de su orden. Hay aquí un Código de interpretación de tal categoría que Filon no lo habría desechado. En efecto, para él la obra misma de la exégesis se representa de esta manera:

¿No es así como el lenguaje, más precioso que el oro, puede ser un bordado de mil formas, que una vez acabado es una obra admirable, y cuando se le divide en sus capítulos más definidos que forman una especie de cadena, recibe como una trama de demostraciones apropiadas?


En el contexto que hemos citado, es Jacob el que sirve de héroe para la definición del razonamiento justo (Los sacrificios de Caín y de Abel, § 83). Pero no cabe duda de que, como si se tratase de una realidad oculta, desgraciadamente demasiado oculta muchas veces, el principio de una complejidad natural define igualmente el artificio de la lectio divina del mismo Filon, y que dicha lectura no se contenta, a sus ojos, con llegar hasta la complejidad, natural por esencia, del logos, que, siendo múltiple cuando se refleja en la Escritura, es sin embargo uno.

Entre los ejes centrales de su esquema está su representación de las leyes. En dicha palabra se concreta todo el conjunto de escritos bíblicos, o por lo menos el Pentateuco. Pues bien. Filon distingue por así decirlo un triple registro: las leyes primeras, que no están escritas y que corresponden a los destinos de los grandes patriarcas; su reflejo que cae en las leyes fundamentales, o tablas del Sinaí; su división — sin que se altere el oro de sus comienzos- en las leyes particulares, igualmente dignas de respeto y de prática. Por eso mismo, gracias a su propia naturaleza, ese oro (por continuar con la comparación), cualquiera que sea el arroyo que lo arrastra, derivado a la liturgia o a las leyes prohibitivas, es un testimonio del logos por el mismo título que una partícula de la vida de Abrahán.

Después de todo, el sistema de Filon es muy suyo. Quizás sea difícil entrar en él. Pero las cartas de Pablo, si no en algún pasaje privilegiado, sí por lo menos en su lectura continuada, no resultan menos difíciles, y por la misma razón: en ellas predominan la retórica y la alegoría, con sus códigos, sus reglas de asociación de ideas, de imágenes, de referencias bíblicas. Son unos códigos y unas reglas distintas de las de Filon, y no puede hablarse tampoco de un ambiente idéntico y mucho menos de influencia directa, pero tienen en común la idea de utilizar la alegoría. Algunos parecidos bastante naturales hacen que sea posible encontrar en ellos intereses comunes, puntos de referencia comunes. Tiene su interés observar cómo Filon y Pablo comentan las dos figuras del hombre de los orígenes, aun cuando la interpretación de Pablo se oriente en una dirección muy distinta de la de Filon1 . No es indiferente señalar cómo la oposición entre Agar y Sara, entre la esclava y la esposa de Abrahán, le sirve muchas veces a Filon para oponer las ciencias preparatorias a la Sabiduría, ya que también Pablo separa por esta misma oposición alegórica la primera alianza, preparatoria, nuestro «pegagogo», la ley del Sinaí (que es Agar), de la segunda alianza, la que se lleva a cabo en la nueva Jerusalén (que es Sara)2 . Pablo tiene todo un sistema retórico.

Juan es también testigo, en la sutil discusión rabínica que tiene abundantes ejemplos en los «discursos» de Jesús, de que el mensaje evangélico, e incluso la palabra misma de Jesús, pasaba por una retórica semejante y una alegorización de la biblia. Filon utiliza muchas veces el personaje de Isaac, que interpreta como la alegría del alma, ya que su nombre significa «risa»; el final del c. 8 de Juan supone una alegorización parecida, cuando Jesús dice: «Abrahán vio mi día v se alegró». Hemos de comprenderlo así: vio que le nacía Isaac y «rió», ante el signo del nuevo Isaac de la promesa. Más tarde, los padres, siguiendo el prólogo de Juan y apoyados en el logos-verbo tan presente en la obra de Filon, dirán como él que la creación fue hecha por Dios gracias a la intervención o por medio del verbo (véanse las Leyes particulares. I, § 81); y en las luchas contra las herejías trinitarias, Atanasio, Dídimo y otros padres argumentarán muy formalmente a partir de las preposiciones «por — a través de — con»...


NOTAS:

1 El hombre «espiritual» se opone al hombre «de carne», por ejemplo en Rom 7; para Filon, la exégesis de los dos relatos de la creación del hombre supone igualmente un análisis de la condición humana (vése más abajo, p. 66 y Alegorías de las leyes, I, 31; etc.).
2 Cf. Gal 4, 21-31; para Filon, los tratados de La unión y la educación, o Huir y descubrir, y otras páginas dispersas.